Hoy estoy infinitamente solo, los sonidos de la calle cercana quienes me acompañan son incapaces de compartir mi felicidad de este nuevo amanecer, por eso supongo que nacimos solos y viviremos para encontrarnos, pero es la soledad la que madura la fruta más anhelada del árbol, el destino; son los vientos que soplan para suavizar el efecto de la gravedad que los años posan en nuestros rostros, y son los espejos quienes condenan la juventud que se acaba y la ingratitud que ella deja en fotografías y recuerdos borrosos.
Olvidar es rotundamente fácil, pero la complejidad de hallarse como ser humano, es mil veces más dolorosa, y esa felicidad interior de la cual muchos hablan y pocos experimentan, siempre esta acompañada de seres que tocan tu vida para transformarte, para aprender, para herirte y luego desaparecer. Volando en el espacio de los pensamientos y que en este caso citan mis palabras.
Tras cumplir un sueño de mi infancia y vivir las dificultades de la lejanía en mí nacieron nuevos amores, oigo más de lo que hablo, y escribo menos de lo que leo, es la paciencia que un segundo idioma te enseña, por que se puede pensar en silencio y se reflexiona con el frío de extrañar los calores de la tierra.
Al iniciar estos párrafos no supe quien los leería, pero creo que es el tiempo quien juzgara si deban ser leídos, por hoy, son solo ideas que la almohada no soporto y debí plasmar en el acto físico de parir letras, interiores de tu alma, que se encapsulan en caracteres que jamás sentirán lo que el autor; ignorante de este arte sintió postrado en una cama lejos de la suya…
Sin embargo son más grandes los recuerdos, y aunque olvidarlos es placentero. Sus destellos no me regalan la tranquilidad esperada, el no conocer un ritmo de vida jamás vivido me da miedo de volver a aquella tierra de la que un día partí. Miedo que se come mis venas y me hace dudar sobre el magnifico encanto de no ser nadie en este tierra lejana, donde el desconocido siempre lo será, y un abrazo esta tan lejos como los kilómetros que me distancian de mi hogar, aquel acostumbrado al calor de los abrazos ajenos y un mar de besos que estoy por olvidar, esa falta de afecto crea las reflexiones mas sensibles en mí, y despierta curiosidad por entender este sueño para muchos perfecto, enredad el alma afectuosa y necesitada de cariño, de las horas que el silencio me brindo para añorarlo, y decirme al oído lo poco que olvido.
Hay noches que la memoria no me falla y recuerdo lo que los meses pensé que se llevaron, las cicatrices persisten en la serenidad del presente, y es el orgullo de los fracasos quien resalta los sentimiento de este viajero errado de profesión, utilizo el papel para hablar y desahogarme de la soledad como compañía en un lugar no grato de visitar, pues sus cielos grises, me transportan a mi destino original, y es el clima quien me arropa, recordando que despegue por dejar el dolor del frío atrás, ese que acá se adivina y controla la vida sin dejar descrestar cuando cae la lluvia o cuando el sol brilla, pero las estrellas no se pueden pronosticar por que son ellas las que deciden a que pareja van enamorar, son infinitas y ya he caído en sus luces, pero son ingratas, y andan en grupos, constelación que odian la soledad, privándome de verlas, hasta no encontrar a quien enamorar.
Por ahora los rieles del ferrocarril guiaron mi camino hacia los espacios impregnados de recuerdos que no recuerdo bien, es un silencio abrumador que se acompaña de las palabras de una madre desconocida, familiares lejanos que la vida regala, profesores sumamente interesante de temas desconocidos y por conocer, entusiastas de sus vidas y de puertas abiertas para el visitante, espero mi nueva estadía, estreno la casa de los nómadas y entusiasta en la cama, de repente no siento la soledad, es mi respiro la mejor compañía, cansado de soñar despierto de un triunfo que los años me impidieron, florece en mí ese destello que de profeta de mi alma me recuerda el dios que por dentro llevo, y tal vez mi inmensa alegría y gratitud me confunde para sacrificar y acompañar a una misa a orar, no estoy seguro de hacerlo…
El viajar me regala la tranquilidad de lo desconocido, la paciencia del que no conoce su destino, las horas se regalan a un paisaje y fotografías que mi mente no recordará, sensaciones como el viento caluroso acompañado de ráfagas de reflexión, me recuerdan lo que hace unas horas dejé atrás, tan atrás como el inicio de este párrafo que no volverá.
Las palabras comunican y confunden en contaminación, sin dejarme disfrutar del silencio que me acompañaba por varios meses y me dejaba analizar el atardecer, el cigarrillo del olvido y el sabor amargo del recuerdo, que la menta camufla para evadir este viejo vicio asesino y carcelero de mi cuerpo, que enriquece mi alma pero mata mi realidad, como me mata el tiempo junto a él.
Fueron los verdes de los manantiales quienes me enamoraron, y me impregnaron de calma, alejándome del vacío que durante el viaje me llenaba, la imponencia de la naturaleza se posó en mi pensamiento con el nacimiento de una nueva hermana, ese milagro de vida que la tierra me regala, sin duda un día emocional, acompañado por extraños, que finalmente soportaron mi nudo de palabras y se desbordaron en sus oídos sin parar, no se si molesto o perturbador el orador no era yo, eran mis palabras calladas por meses, buscando acompañar mi reflexión, en momentos la encontré, faltaron las lagrimas que de nuevo la almohada absorbió.
El bullicio de la urbe me confundió sorprendió mis oídos y alerto mi sensibilidad a la magia del desorden latino, era una feria grande y colorida y yo tan negro y oscuro durante días, forzó mi sonrisa y lo consiguió, mi sentidos se apoderaron de los momentos y no hubo fotografía que pudiera captar el sentimiento, era el tumulto del sol que quemaba las finas caras de mujeres lindas, esquivas al invierno paseaban por la primavera de mi vida en una ciudad desconocida, Portland.
Le sonreí al sol en un bus por la ventana del atardecer, que me lleno de nostalgia dejando los recuerdo de alguien que no viví, mis pensamientos lograban imaginar cada foto cada momento como si ella hubiera estado ahí, ella la soledad, la que me acompañaba, tomó cuerpo de mujer, una mujer maternal que me mostraba su ciudad inventando historias de su vida sin saber que ella, para mi, seguía siendo Soledad, era un espejo del tiempo futuro, narraba sus historias, pero mi ansiedad de hablar las cortaba con preguntas bobas, tal vez por evitar que me contara mi destino o vivir mis recuerdos en sus palabras, se adueño de mi un fin de semana, jamás sabrá el bien que me hizo su don de madre, ni leyendo estas letras de un viajero errante.
Siguiendo tus huellas tomando otro camino, así es como te miro, sin saber si los quiero pisar contigo, solo es el tiempo y las mareas quienes hunden los barcos, y los océanos se abrazan sin parecerse, sin embargo los destino son fríos y calientes, cercanos o lejanos; hoy piso tus huellas y no sigo tus pasos.
Como un deber con mi proyecto y el valor de volar y llegar a término mi soledad encuentro la fascinación de los proyectos logrados y la sorpresa de aquellos por cumplir. Fue la soledad mi mejor profesora y yo mi mejor estudiante de los meses que la distancia comprendió lo que este individuo esclavo del sistema no logro descifrar, fueron los vientos fríos de febrero, los amores del pasado en el presente, la critica y la reflexión, mis condenas, compañías de almohada hoy sucumben ante la alegría de volver, de no olvidar pero no recordar, de comer los sentimientos del presente más que aquellos egoístas del pasado, y dispuesto a deslumbrarme por la magia desordenada de mi pueblo, añoro ver la imperfección de él, dándome miedo no quererlo como antes o amarlo más que ayer.
Es la excitación quien se toma mi prisa por oler el frío helado de las montañas, mis ojos casi esféricos disponen su mejor foco para encontrar las mujeres que me acompañaron en noches estrelladas que jamás verán por que su lejanía fue mi soledad, ansioso por oír las risas del pasado no puedo escribir con tranquilidad por la turbulencia de llegar.
Serán los días quienes decidan mi nueva vida, un capitulo se inicia con el dolor y la angustia del adiós, personas que compartieron mi alma en poco tiempo y que quieran los vientos las vuelva ver sentir y oler, dispuesto a sonreír con la cabeza fría llego al invierno de la alegría, nada más candente y acogedor que el calor del hogar tras unas horas partidas, comidas por la distancia de aprender, resucitando el pasado que me da la bienvenida de volver.
martes, 4 de mayo de 2010
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